La frustración del cambio

Que todo cambie para que nada cambie, parece ser el epitafio que se puede escribir sobre el proceso de cambio del Gobierno del MAS. Los problemas no son nuevos, vienen de lejos. Sin embargo, hoy parecen ser más grandes. Es la consecuencia lógica de la concentración autoritaria del poder, la destrucción de la institucionalidad y la administración discrecional de los recursos de un Estado que ha multiplicado sus ingresos.

El escándalo suscitado por las denuncias presentadas por el exdiputado Arturo Murillo, demostrando la existencia de un contrato de provisión de servicios de cáterin a Boliviana de Aviación por más de Bs 18 millones, adjudicado directamente a la cuñada del vicepresidente sin licitación previa, se suma a otros hechos incluso de mayor gravedad que reflejan la falta de transparencia y la ausencia de controles con las que se administra a las empresas públicas. Este es un caso interesante de analizar, no solo por el personaje relacionado, sino por ser un buen ejemplo de las causas de fondo de estos problemas. El vicepresidente ha admitido que el contrato existe y que se trata de su cuñada. Ha negado que hubiera corrupción y ha señalado que él desconocía de su existencia. Sobre lo primero cabe preguntarnos, ¿cómo hubiera calificado el ‘vice’ esta situación si la autoridad involucrada fuera de la oposición? Sobre lo segundo, es imposible de creer que no hubiese sido informado tratándose de un familiar tan cercano y conociéndose el estrecho control que él realiza sobre el conjunto de las empresas públicas.

Sin embargo, lo que es llamativo es la seguridad con la que se afirma que este contrato es legal. Seguramente se basa en decretos emitidos por el Gobierno que eximen a las empresas del nivel central de realizar licitaciones para las contrataciones y compras estatales. Qué se puede esperar de unas empresas cuyos ejecutivos tienen libertad para adjudicar directamente contratos sin límites de dinero. El caso del cáterin nos muestra que las prácticas del pasado no han cambiado, que el estatismo tiene problemas estructurales que lo llevan al fracaso y que si se eliminan todos los controles institucionales, lo único que se logra es generar condiciones para la corrupción y el despilfarro.

Artículo originalmente publicado en el Diario El Deber: http://www.eldeber.com.bo/vernotacolumnistas.php?id=140410000438